¿Y cual era la razón de todo ese desenfreno en mi cabeza?
Una y otra vez la misma imagen mental que me taladraba la razón a cada segundo; presionando bajo su peso a mi moral ya de por si tambaleante frente a la gama de oportunidades de placer que frente a mi se levantaban. Me decía a mi mismo en cada uno de los idiomas que podía recordar, un solo pensamiento, una sola idea, cuya mera presencia se había convertido en una letanía constante: Tal vez…tal vez valía la pena.
Una y otra vez la misma imagen mental que me taladraba la razón a cada segundo; presionando bajo su peso a mi moral ya de por si tambaleante frente a la gama de oportunidades de placer que frente a mi se levantaban. Me decía a mi mismo en cada uno de los idiomas que podía recordar, un solo pensamiento, una sola idea, cuya mera presencia se había convertido en una letanía constante: Tal vez…tal vez valía la pena.
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| — | Alfonso Díaz G |








